Hace tiempo luego de una acalorada discusión, en mi desesperación por desahogarme, le dediqué unas líneas a mi padre.
(...)
Las personas lloran por amores, despecho, desilusiones, frustraciones, desempleo, desamores, emociones, alegrías. Y para todo ello siempre existe una manera de amortiguar pero yo, que lloro por un padre, no sé cómo ni con qué.
No soy fiel creyente del amor filial pero creo que no pierdo ilusionándome con él, en realidad he perdido más de lo que he ganado y quizás siga perdiendo. Puedo ser cojudo por esta reacción pero es una súplica a un amor que muchos poseen y por la cual yo imploro.
Papá, hablar de ti es hablar de mucho y nada, hablar de ti es hablar de mí, es entrar a un terreno conocido pero irascible, es ingresar a cada rincón mío, es internarme en un viaje doloroso, es bloquearme, deshumanizarme, regresar y olvidar, seguir y no pensar más.
Soy y no soy consciente de mi pesar pero me es inútil serlo en vez que no serlo, quisiera no llorar. ¿Por qué desperdicio mis lágrimas en ti? ¿Por qué gasto mis palabras y mis letras? ¿Por qué no puedo renunciar a ti?
¿Por qué? Pues es simple y complejo a la vez, eres el único hombre al que puedo amar sin infortunio pero haz sido uno más en la lista de decepciones, es increíble pensar que el único hombre al que puedo amar y me puede amar con seguridad no lo haga. No hay otro y nunca lo habrá, en ese caso me quedo en nada.
Muchos días pensando el por qué de mi excesiva búsqueda por aquel, si al menos pudiera sustituir tu amor por la de aquellos que andan por ahí pero no podrá ser así. Fracaso con ellos tanto como contigo pero aquellos aparecen y se van como hoja de otoño, en cambio, mi derrota contigo es el gran naufragio.
Supondré que me quieres porque no creo que haya hombre que no quiera a su hijo ni hijo que no quiera a su padre por más daño causado. Yo sí te quiero, a pesar de las noches atormentadas en las que te lloré, todos aquellos días de desolación, a pesar de que mis dedos contaban las veces que te veía al año en mi niñez, a pesar de las veces que magullaste mi frágil cuerpo con el material más cercano que alcanzabas, a pesar que para ti estoy por debajo de una mierda.
Debía jugar al fútbol, no podía pararme así, no podía hablar así, no podía sacar malas calificaciones, no podía cantar, ni bailar, no debía hablar, no podía refutar. A pesar de todo ello, ahí estoy, siempre estuve y lo estaré.
Sé que crees lo contrario y es que años de mortificación e intranquilidad han creado una barrera en mí, bloquea toda relación contigo y me lanza a la búsqueda de cualquier extraño que cumpla el papel que tú nunca ejecutaste. Mi inseguridad, mi baja autoestima, ello y mucho más te lo debo a ti. Quisiera agradecerte en vez de reclamarte, quisiera destruir nuestro muro y alcanzar aquel deseo que ya es casi una utopía.
Hoy, una vez más, decidí dejarlo todo, pero no abandonaré toda expresión de felicidad por ti. Nunca dejaré de esperarte y anhelarte pero a la par intentaré probar cucharitas de felicidad, siempre he conseguido manera de endulzar mi vida y lo seguiré haciendo a lado de mi madre. A tu machismo innato y fortalecido le dolerá saber que no hay nada mejor que una madre, lo sabes muy bien.
Pero no hay palabras que te afecten, eres inmortal y yo un simple mortal en tu mundo de dictadura, nada te hace sufrir, no hay acción que haga por la que no pague. Una lágrima mía caer es el tiempo de dolor que experimentarás, luego desdibujarás y te reirás a carcajadas por un triunfo más sobre mi debilidad. Tres mil palabras no bastarán para exportar este pesar, vendrán más en lo que me resta de vida, así será.
Hoy veo a un padre jugar con su hijo y me pregunto qué se sentirá, veo a un anciano abrazar con regocijo a su hijo y me pregunto si algún día llegaremos a tal nivel. Futuro incierto, lo sé.
(...)
A este punto de mi vida he desistido, he encontrado la manera de olvidar, superar y tratar de ser felíz. El post anterior fue el número 100, qué genial.
PD. La canción de hoy es "Wild tigers I have known" de Emily Jane White.









